Historia

El nombre viene de una sala de baile. La churrería, de una pareja que se conocía desde los quince años.

La sala Trébol

En la esquina de Còrsega con Pau Claris estaba el Trébol, una sala de baile y cabaret con música en directo. A la salida, un puesto de churros ambulante esperaba a la gente que salía. El puesto se quedó con el nombre de la sala.

Joan y Cecília

Hacia 1950, Joan Balcells y su mujer Cecília trajeron la churrería a este local de Còrsega, 341. Vivían en la trastienda, y los vecinos podían comprar casi a cualquier hora. Joan hacía repartos a domicilio por el barrio con un carro de la compra, y con el cerrajero Vidal Sonet ideó una máquina motorizada para pelar y cortar patatas que acabó vendiéndose en toda España. Cecília recibió el diploma de Maestra Artesana. Los azulejos del fondo de la tienda aún llevan el nombre del fundador: «J. Balcells».

«Han estat més de setanta anys de feina, amb èpoques molt difícils, però les hem superades totes.»
Ramon Balcells, en VilaWeb

La noche de Barcelona

Por aquí han pasado bailarinas de la sala Cibeles, policías, noctámbulos de todo tipo y, por Sant Medir, los caballos y las carrozas que se paraban frente a la puerta a lanzar caramelos. La Trébol fue la primera churrería de Barcelona en abrir veinticuatro horas seguidas, y aún hoy, de jueves a domingo, no cierra.

«El lloc on les teves cames et porten sense voler quan surts de festa per la zona.»
Time Out Barcelona

Hoy

Tras los fundadores la llevó su hijo, Ramon Balcells, y hoy la lleva Francesc Minga. En el obrador se empieza a las siete de la mañana, una hora antes de abrir: primero los xuixos, que necesitan reposar, y después la masa de los churros, solo agua hirviendo, harina y la sal justa. El chocolate hierve sesenta y cinco minutos con tres cacaos: Brescó, Torras y Plata.

El artículo completo en VilaWeb (en catalán)

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